Losers

I love losers
We get certain persistence on rejection
Winners avoid

Losers are always on top
Wanting everything and
Unable to decide for one

Losers lose time
Thinking
Deciding
Planning
Programming
Writing

Most of the times losing
Becomes good luck
We have to see it like that

Losers lose things
All of them
Sometimes on purpose to feel
Light

The only thing losers don’t lose is hope
Losers bright on possibilities
They are always creating ideas to implicate subjects

Losers get lost on imaginaries
most of the time about peace,
and equality
what a loser!

Losers tell the truth
They have nothing to lose!

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Oh, yes

Yes
Yes
Yes

I want to feel crazy again
My stomach crunching like with cocaine
I want no heart pumping in vain
Oh, yes

I want to get lost in my den
to tremble without pain, be felt on my fen,
my insides pulsing with heavy rains
Oh, yes

Yes
Yes
Yes

I want to let myself carried away
Be liberated from chains
I want to be touched on my face
Oh, yes

I want a tongue down my ear
No matter how dirty my dear
I want just to be clear
I never danced it with fear
Oh, yes

Yes
Yes
Yes

It could be love
It could be Zen
It could be notin’
for gosh’s sake
Oh, yes

So, I will repeat to erase
the bloodstains that are left
I don’t want the darkness remains
and I’m not taking bargains
No, not taking bargains
Oh, yes

Time is against
We can fall into disdain
Cuz we have to refrain
from living the omen as a constrain
Oh, yes

Yes
Yes
Yes

Presente

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At the beginning of the year, I found myself in another country, staying for two months. During that time, something miraculous happened. Now I know. 

I wasn’t worry about the future; actually, I never thought about the future. Now I know.

I am a little bit of a fanatic when it comes to the divinatory arts. Sustainably, I read the tarot. I have found myself reading it every day, sometimes twice a day. I have gotten to three. I read the caracoles, the I-Ching. I have tried the ashes of my cigarettes (when I was a smoker). Daya’s cards have my fingerprints all over. I have visited people in different countries looking for premonitions. I believe my dreams are some sort of those, and I keep waiting for some to happen. I rushed to Daya one day only to read the cards. I took pictures.

Not there. I forgot about what was the tarot, or another way to foretell the next day, my next move. The only thing I was focused on was in doing yoga, everyday, every moment. Now I know.

Today, I haven’t done it. In fact, the last time I did, was two weeks ago, after being back in New York for other two. Now I know. 

It is said that with yoga you see things, understand things, feel things. It’s said that you become present, you become yourself.

I think the glorious thing here is to be able to look back and see how harmonious I can be with the world. I didn’t change myself. It was I in all events. With perfections and imperfections, and acting in a different way.

This state of mind remained with me until some days ago, —suddenly my body got sick, my mind started going around, and yoga became impossible, at least physically. Now I know.

Today, I rushed to the Tarot in my mind, and there was when I realized all what I just told above.

Pain and yoga

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Dicen que haciendo yoga uno se entera de cosas que no sabía
Dicen que cada dolor o molestia en ciertos lugares del cuerpo
representan un dolor en el alma
Un dolor que se lleva cargando por mucho tiempo
Quizá muchas vidas

Dicen que yoga te conecta con partes oscuras de tu cuerpo
Que te hace visitar lugares que no sospechabas existían
Que cada estrechez o rigidez, inmovilidad, es simplemente una representación
De lo que hay adentro.

Por ello para curarme, hago yoga
así me apodero de mi cuerpo
Lo hago vehículo de expresión y belleza.

Yoga is dancing
Is moving with intention
Is liberation
Te vuelves presente
Te conviertes en uno
Vuelves a tu ser

Solo en la oscuridad es posible encontrar la luz.
Por eso recomiendo hacer yoga con los ojos cerrados
Y con el corazón abierto
Porque no es fácil
Reconocerse en el error
No es fácil perdonarme
No es fácil amarme sin medida.

#Sunsethunter

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Suddenly it got dark in the mountains
The pale blue turned opaque.
However, the sun kept giving light to that spot where they were.
It was like a show light
One you have to put to look good, always good
because when you are your truly-self, you disappoint.
Too many rules
Too many have to does
For a freedom of reason

We are going on opposite directions
While I go to center you go around.
The sun kept burning my back
I turned to face it
And got blind
Too much light is not good
Ying Yang

Same, same, but different
Me contorsiono como muñeco de circo. Todos somos muñecos de algún circo.

Cazando otro atardecer, quizá forzando.
Como escape, como meditación,
como búsqueda y realización.

Something dark is taking over the mountains
The shadows are stronger now
The light in the center has diffused and
the sun is covered with clouds
Close to the horizon, an orange sunset is born

Thailand on my right
Vietnam and Rabbit Island on my left
Blue everywhere

Somebody talks on my back, Language I didn’t
Understand
I am alone with the sun

No boats.
I must keep moving

El muerto ha llorado dos veces

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Cuando Reinaldo regresó de visitar a la familia del muerto estaba indignadísimo, sudaba copiosamente y casi no podía hablar, movía las manos en todas direcciones queriendo decir mucho sin poder decir nada. El muerto no estaba muerto. El muerto respiraba y ya había llorado dos veces.

Reinaldo se molestó desde que entró a la casa del muerto. La viuda era una viuda alegre, nada compungida por la muerte de su esposo. Recibió a Reinaldo con gran sonrisa y abrazo de bienvenida. Tal era su energía. Quizá se debía a que ella era budista y los budistas tienden a ser personas felices, o a parecerlo, aun en las peores circunstancias de la vida. Incluso podríamos afirmar que celebran la muerte. Es el fin del sufrimiento, es el paso a una mejor vida, o al menos eso se espera. No, no se espera, los budistas no esperan.

La familia del muerto recibió a Reinaldo con regocijo, hacía rato que no lo veían y se tomaron la visita como un verdadero honor, casi un motivo para celebrar a pesar del muerto y su muerte.

A Reinaldo lo sentaron en la silla principal al lado del muerto y le ofrecieron agua fresca de coco. No alcanzaron a ofrecerle comida porque el se negó con sequedad, y a buen entendedor pocas palabras. ¡Cómo podían ofrecerle agua a él mientras al muerto se le veía la boca seca! ¡Denle agua al muerto!, quiso ordenar a todo pulmón.

Reinaldo no sabía qué hacer. Era una prueba mayor. Qué impotencia. Cómo oponerse al dictamen final de un médico que pronuncia el desahucio y a la creencia budista de aceptar todo como venga. Cómo intervenir en las decisiones de una familia que no era la suya.

Él, sin embargo, no pudo quedarse callado. ¡Pero es que el muerto respira!, dijo tratando de no levantar la voz y de no parecer alterado. “Sí, Reinaldo, respira pero en el hospital dijeron que ellos ya no podían hacer nada y que mejor lo trajéramos a casa. Que está muerto”.

El muerto respiraba continua y agitadamente, se diría que vivamente, aunque en realidad no daba ninguna otra muestra de vida. Pero, ¿acaso no es suficiente respirar para estar vivos? Reinaldo no pudo ocultar su desconcierto. Se agarró la cabeza con ambas manos y puso sus codos en las rodillas. Nadie lo notó mucho, estaban todos muy ocupados con los preparativos finales del funeral y revoloteaban de un lado para otro trayendo madera para la pira, atendiendo visitantes y finiquitando los últimos detalles para que esta muerte fuera todo un éxito. Incluso podría decirse que se les notaba felices.

Algún familiar piadoso, pasó a ver al muerto y le mojó los labios.

—Reinaldo —le decían— ¡él está muerto! Repetía la familia en voz alta y en un absurdo estado de negación frente a lo aparente. Mientras tanto, los inciensos ardían a los pies del muerto y en su cabecera Buda le abría en cámara muy lenta, las puertas a su siguiente reencarnación.

El muerto vivía impasible su propio velorio, uno muy concurrido por cierto.

Para hacer un poco más macabra la escena, un vecino, también budista, había muerto el día anterior, aunque no se sabe si también respiraba. Entonces en altoparlantes y a todo volumen, la familia del vecino despedía al muerto con canciones de adiós tradicionales budistas, que solo se le colocan a los muertos, normalmente que han dejado de respirar.

Podemos imaginar ahora por qué este muerto ya había llorado dos veces.

Reinaldo insistió. —¿Y han llamado a otro médico? ¿Qué tal una segunda opinión? —No, Reinaldo, él ya está muerto… —decían, mientras el pecho del muerto subía y bajaba.

Reinaldo y su comitiva no aguantaron semejante espectáculo. Para un católico esta escena violaba todos los cánones de la decencia. Simplemente era una película de terror. Se marcharon alterados, compungidos, tristes, enfadados, confrontados. El camino a casa fue de silencio sepulcral.

Dos días después, Reinaldo recibió una llamada telefónica. Iban a desmontar el altar que los budistas construyen para velar a sus muertos, antes de quemarlos en la pira.

El muerto que había llorado dos veces y que respiraba de manera continua y agitada, ¡había comido!

—¿¡Comió!? Fue el grito de Reinaldo al teléfono. El muerto estaba vivo. O al menos más vivo que hacía dos días.

Este muerto se negaba a morir.

Ahora la familia compartía la indignación de Reinaldo y señalaban a los médicos como unos verdaderos matasanos.

Aunque quien verdaderamente estaba matando al muerto era su familia al tomarse por cierto que el muerto ya estaba muerto, que no había nada que hacer. Se tomaron tan en serio el dictamen médico que adelantaron los hechos violando los preceptos budistas.

Compraron incienso, prepararon la cama, notificaron públicamente la muerte y trajeron un buda cuida-muertos. Construeyeron la pira y cocinaron en grande. Mientras tanto, el muerto respiraba y lloraba. Pero ellos estaba tan ocupados con los preparativos de su despedida que vagamente se preocuparon del muerto. ¿Quién se preocupa de un muerto?

Al muerto le arrimaban a los nietos y les decían, “Mira el abuelito se murió”, y el muerto respiraba, diría uno que de manera afirmativa, y quizá feliz de tener cerca a su descendencia en un momento tan especial de su vida, o de su muerte, bueno, del limbo.

No sabemos si el muerto lloró de rabia, de tristeza o de alegría. Quizá los tres. Aún no habla, solo come y bebe agua. Es posible que en pocos días hasta se levante.

Pero la familia no está preocupada por eso pues están muy ocupados devolviendo las sillas que prestaron, pagando la comida de compraron, desmontando la pira y llevando al Buda a la pagoda que lo prestó para abrirle las puertas a la otra muerte o a la otra vida, no sabemos.

Nunca habían estado tan ocupados, parecía más dispendioso desbaratar un velorio que armarlo. ¿Es que ahora dónde iban a poner al muerto? Casi incluso olvidan que al muerto ahora había que alimentarlo y cambiarlo.

No tenemos información de si el muerto ha vuelto a llorar, finalmente está muerto y los muertos no sienten nada… eso dicen.