El muerto ha llorado dos veces

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Cuando Reinaldo regresó de visitar a la familia del muerto estaba indignadísimo, sudaba copiosamente y casi no podía hablar, movía las manos en todas direcciones queriendo decir mucho sin poder decir nada. El muerto no estaba muerto. El muerto respiraba y ya había llorado dos veces.

Reinaldo se molestó desde que entró a la casa del muerto. La viuda era una viuda alegre, nada compungida por la muerte de su esposo. Recibió a Reinaldo con gran sonrisa y abrazo de bienvenida. Tal era su energía. Quizá se debía a que ella era budista y los budistas tienden a ser personas felices, o a parecerlo, aun en las peores circunstancias de la vida. Incluso podríamos afirmar que celebran la muerte. Es el fin del sufrimiento, es el paso a una mejor vida, o al menos eso se espera. No, no se espera, los budistas no esperan.

La familia del muerto recibió a Reinaldo con regocijo, hacía rato que no lo veían y se tomaron la visita como un verdadero honor, casi un motivo para celebrar a pesar del muerto y su muerte.

A Reinaldo lo sentaron en la silla principal al lado del muerto y le ofrecieron agua fresca de coco. No alcanzaron a ofrecerle comida porque el se negó con sequedad, y a buen entendedor pocas palabras. ¡Cómo podían ofrecerle agua a él mientras al muerto se le veía la boca seca! ¡Denle agua al muerto!, quiso ordenar a todo pulmón.

Reinaldo no sabía qué hacer. Era una prueba mayor. Qué impotencia. Cómo oponerse al dictamen final de un médico que pronuncia el desahucio y a la creencia budista de aceptar todo como venga. Cómo intervenir en las decisiones de una familia que no era la suya.

Él, sin embargo, no pudo quedarse callado. ¡Pero es que el muerto respira!, dijo tratando de no levantar la voz y de no parecer alterado. “Sí, Reinaldo, respira pero en el hospital dijeron que ellos ya no podían hacer nada y que mejor lo trajéramos a casa. Que está muerto”.

El muerto respiraba continua y agitadamente, se diría que vivamente, aunque en realidad no daba ninguna otra muestra de vida. Pero, ¿acaso no es suficiente respirar para estar vivos? Reinaldo no pudo ocultar su desconcierto. Se agarró la cabeza con ambas manos y puso sus codos en las rodillas. Nadie lo notó mucho, estaban todos muy ocupados con los preparativos finales del funeral y revoloteaban de un lado para otro trayendo madera para la pira, atendiendo visitantes y finiquitando los últimos detalles para que esta muerte fuera todo un éxito. Incluso podría decirse que se les notaba felices.

Algún familiar piadoso, pasó a ver al muerto y le mojó los labios.

—Reinaldo —le decían— ¡él está muerto! Repetía la familia en voz alta y en un absurdo estado de negación frente a lo aparente. Mientras tanto, los inciensos ardían a los pies del muerto y en su cabecera Buda le abría en cámara muy lenta, las puertas a su siguiente reencarnación.

El muerto vivía impasible su propio velorio, uno muy concurrido por cierto.

Para hacer un poco más macabra la escena, un vecino, también budista, había muerto el día anterior, aunque no se sabe si también respiraba. Entonces en altoparlantes y a todo volumen, la familia del vecino despedía al muerto con canciones de adiós tradicionales budistas, que solo se le colocan a los muertos, normalmente que han dejado de respirar.

Podemos imaginar ahora por qué este muerto ya había llorado dos veces.

Reinaldo insistió. —¿Y han llamado a otro médico? ¿Qué tal una segunda opinión? —No, Reinaldo, él ya está muerto… —decían, mientras el pecho del muerto subía y bajaba.

Reinaldo y su comitiva no aguantaron semejante espectáculo. Para un católico esta escena violaba todos los cánones de la decencia. Simplemente era una película de terror. Se marcharon alterados, compungidos, tristes, enfadados, confrontados. El camino a casa fue de silencio sepulcral.

Dos días después, Reinaldo recibió una llamada telefónica. Iban a desmontar el altar que los budistas construyen para velar a sus muertos, antes de quemarlos en la pira.

El muerto que había llorado dos veces y que respiraba de manera continua y agitada, ¡había comido!

—¿¡Comió!? Fue el grito de Reinaldo al teléfono. El muerto estaba vivo. O al menos más vivo que hacía dos días.

Este muerto se negaba a morir.

Ahora la familia compartía la indignación de Reinaldo y señalaban a los médicos como unos verdaderos matasanos.

Aunque quien verdaderamente estaba matando al muerto era su familia al tomarse por cierto que el muerto ya estaba muerto, que no había nada que hacer. Se tomaron tan en serio el dictamen médico que adelantaron los hechos violando los preceptos budistas.

Compraron incienso, prepararon la cama, notificaron públicamente la muerte y trajeron un buda cuida-muertos. Construeyeron la pira y cocinaron en grande. Mientras tanto, el muerto respiraba y lloraba. Pero ellos estaba tan ocupados con los preparativos de su despedida que vagamente se preocuparon del muerto. ¿Quién se preocupa de un muerto?

Al muerto le arrimaban a los nietos y les decían, “Mira el abuelito se murió”, y el muerto respiraba, diría uno que de manera afirmativa, y quizá feliz de tener cerca a su descendencia en un momento tan especial de su vida, o de su muerte, bueno, del limbo.

No sabemos si el muerto lloró de rabia, de tristeza o de alegría. Quizá los tres. Aún no habla, solo come y bebe agua. Es posible que en pocos días hasta se levante.

Pero la familia no está preocupada por eso pues están muy ocupados devolviendo las sillas que prestaron, pagando la comida de compraron, desmontando la pira y llevando al Buda a la pagoda que lo prestó para abrirle las puertas a la otra muerte o a la otra vida, no sabemos.

Nunca habían estado tan ocupados, parecía más dispendioso desbaratar un velorio que armarlo. ¿Es que ahora dónde iban a poner al muerto? Casi incluso olvidan que al muerto ahora había que alimentarlo y cambiarlo.

No tenemos información de si el muerto ha vuelto a llorar, finalmente está muerto y los muertos no sienten nada… eso dicen.

 

 

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Olguêtte Letrombonet

Procreated and gestated in Quibdó (Chocó, Col.) in the 70's. Born in Bogotá (Col.). Raised in Medellín (Col.) in the 80's. Matured in New York City (USA) in the 2000's. I love the Autumn and Halloween. I think that says almost everything.

3 thoughts on “El muerto ha llorado dos veces”

  1. No es facil !!!

    2017-04-12 9:56 GMT+02:00 Writer Olga González-Bolívar :

    > Olguêtte Letrombonet posted: ” Cuando Reinaldo regresó de visitar a la > familia del muerto estaba indignadísimo, sudaba copiosamente y casi no > podía hablar, movía las manos en todas direcciones queriendo decir mucho > sin poder decir nada. El muerto no estaba muerto. El muerto respiraba” >

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